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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006. Resumen
06/10/2006LA VIDA IRREAL![]() Es verdad que últimamente no escribo mucho. No ando yo muy inspirada. Además, que cuando me he sentado a escribir, como Blogia está en "obras", no he tenido demasiado éxito. Pero hoy, que el ánimo y la tecnología acompañan, os voy a contar algo. Cuando estudiaba en la facultad, en Pamplona -qué lejano parece ya, madre mía-, durante el tercer curso compartí piso con 4 amigas. Era un piso de estudiantes, con muebles de la abuela del casero, pero estaba super bien. Tenía 5 habitaciones exteriores y un cacho de salón-comedor. Fue un año divertidísimo, creo que el mejor de mi vida hasta la fecha. Tres de mis amigas eran muy sociables; la cuarta y una servidora, no. "Fobia social" le llamábamos a lo que teníamos. Yo aún la conservo, a ratos. Pero la verdad era que me encantaba que las otras tres chicas tuvieran siempre la casa llena de gente. A veces me daba rabia no poder tumbarme en el salón a ver la tele tranquilamente, y me encerraba en la habitación para estar sola. Pero agradecía el barullo de fondo, porque me hacía compañía. Siempre me ha dado mucho más miedo el silencio que la oscuridad. Durante ese año, lo bueno de verdad llegaba por la noche. Era la época del programa de Pepe Navarro, el del Pelícano. Lo solíamos tener siempre puesto de fondo, pero la atención la teníamos puesta en... bueno, en otros asuntos. Nos divertíamos haciéndo llamadas de teléfono anónimas a nuestros compañeros de clase. Entonces aún no existían los móviles - bendita libertad- y las llamadas se hacían de casa a casa, no de persona a persona. Y nosotras llamábamos a otros pisos compartidos de estudiantes. Existían dos tipos básicos de llamadas anónimas: 1. Llamadas Reptil: Consistían en hacer sonidos selváticos, preferentemente de reptiles, y ver cómo reaccionaba el interlocutor. Casi siempre se quedaban en silencio. Ya lo sé, es una gilipoyez máxima, pero creo que nunca más he vuelto a tener ataques de risa como aquéllos. Enseguida nos descubrieron, porque emprezamos a recibir llamadas reptiles nosotras también. Creamos tendencia. Ya ves. 2. Llamadas Bianca: Éstas eran bastante más elaboradas, lo que, bien pensado, no es difícil. Se las hacíamos exclusivamente a pisos de chicos. En cuanto contestaban el teléfono, decíamos con voz de secretaria automatizada: Buenas noches. Su teléfono ha sido escogido al azar para promocionar nuestros servicios. Por favor, espere unos instantes. Después, acercábamos el auricular a un radiocasette en el que sonaba música sugerente y, luego, volvíamos a hablar. Esta vez, con voz de línea porno. Hola guapo, yo soy Bianca. ¿Cómo te llamas? Llevo puesto un tanga muy-muy pequeñito, ¿qué quieres que haga? Y, en fin, se iba improvisando sobre la marcha. A veces, el tío -al que conocíamos de clase- se ponía todo burraco, y era bochornoso. Pero lo normal era que colgaran enseguida. No en vano estábamos estudiando en la universidad del Opus. Y así nos divertíamos. Éramos jóvenes, inexpertas, y todo era facilísimo. Sólo teníamos que estudiar de vez en cuando, y pasar las facturas a papá y mamá. Cuando lo pienso, hasta me ruborizo un poco. Nada que ver con la vida real, ¿verdad?
CÓMO SER SILVIA JATO![]()
10/10/2006SIN COMENTARIOS II23/10/2006NINJA È MOLTO DIFICCILE![]() Los actores son unos completos incomprendidos. La gente tiene una idea muy equivocada de este pobre gremio. Creen que todos llevan una vida idílica y perfumada, llena de sexo en grupo, dinero, regalos y viajes transoceánicos. Pero no. Es una profesión jodida. Vale, si eres Jennifer Aniston, no. Pero el círculo de actores que llevan una vida color de rosa es muy muy pequeñito. Y en España, ni te cuento. El resto se mueven de por vida en tierras movedizas: a ratos de p. mardre, a ratos hasta el cuello de barro. La mayoría, hasta el cuello de barro casi todo el tiempo. Conozco actores de más de cuarenta años que siguen compartiendo piso de alquiler y durmiendo permanentemente en un colchón en la sala, aún esperanzados de que su gran oportunidad llegará a la mañana siguiente. Y hablo de gente de mucho talento. Por desgracia, el talento cada vez tiene menos importancia. Cada vez menos. Es un mundo que se mueve por modas, por el "me han dicho que Fulanito...", por un miedo terrible al riesgo. No lo juzgo, el miedo es libre, sobre todo tal y como van los números en las taquillas. Pero no puedo evitar que me queme la sangre cuando un actor como la copa de un pino me sirve una caña en un bar, mientras papanatas de tercera se cuelan en mi televisión todas las noches. Menos mal que yo soy frutera. Pero yo sólo pretendía presentaros este video que me ha pasado un amigo. Es un casting para una película ninja. En este caso, francamente, no se destila demasiado talento. PERO ES PERFECTO PARA ECHARSE UNAS RISAS. UN POQUITO HASTA EL COÑOEstoy un poquito hasta el coño de lo que viene a ser el mundo de la leche. Que por no seguir con la cerveza, borracha y sola como un perro, me abandono a la cosa láctea. Con lo mala que es para la salud. Pero es fundamental para empujar el cigarrito de rigor. Hata un litro de leche me he llegado a meter entre pecho y espalda casi sin que me dé tiempo a decir "esta boca es mía". Un poquito hasta el coño también de lo que viene a ser el cigarrito de rigor. Que por no seguir con el porro, fumada y sola como una perra, me abandono al humo del tabaco, pobre e insípido. Pero es lo mejor para acompañar a la leche. Hasta un paquete de tabaco me he llegado a meter entre pecho y espalda sin que dé tiempo a decir "perdone, ¿tiene fuego?". Y así me pasan las horas, un poquito hasta el coño, un poquito a ver qué pasa, un poquito que se calle la vecina de una vez o le tiro el perro por el hueco del ascensor. Y no se puede decir que no sea feliz. 25/10/2006CON UN CUCHILLO![]() Sólo con un cuchillo un tipo ha robado un banco en el centro de Madrid. Ha salido a pie, y se ha perdido entre la multitud. La Policía no ha dado con él. Esto es la leche. Dan unas ganas locas de tomar ejemplo. Tengo el cajón de la cocina lleno de cuchillos. Hace que uno parezca estupido por no hacer algo que está tan al alcance de la mano. Al fin y al cabo, el banco tiene asegurado el dinero. No me daría ni cargo de conciencia. Quiero decir, robarle un euro a un mendigo es de malas personas. No robar 100.000 euros a un banco con un cuchillo es de idiotas. Pero en mi caso no es una cuestión de ética. Es una pena: no estoy programada para delinquir. Mis padres me educaron en la cultura del miedo. Así que casi lo más valiente que hago en mi vida diaria es cruzar la carretera con el semáforo en rojo. Y fumar, que no está lejos de ser un deporte de riesgo. Pero por lo demás, soy una máquina de precisión preparada para cumplir las normas. Qué pena. Qué pena. 30/10/2006LA GARRAPATA![]() El sabado unos amigos me invitaron a una barbacoa en pleno monte Igueldo. Una barbacoa con vistas. Tenía compromisos familiares, así que hasta bien avanzada la noche no pude ir. Me vinieron a buscar a casa y me subieron. Uno de los problemas de apuntarse tarde a una fiesta es que, cuando llegas, ya está todo el mundo pedo. Menos tú. Así que suelen pasar 2 cosas: Una, que eres testigo del patetismo ajeno con una clarividencia que asusta; Dos, y consecuencia de la primera, que te cuesta integrarte en el ambiente y te sientes un poco incómoda. Pero esta vez, me adapté enseguida. A lo mejor tuvo que ver con el hecho de que estábamos en la mitad del monte y no había más luz que cuatro velas y una hoguera. Eso ayuda. Cuando los demás no ven tu cara de imbécil, te sientes menos imbécil. Pero a lo que iba. Monte. Pleno monte. A ver, era monte donostiarra, monte urbano, no estábamos en el Kilimanjaro. Pero una es carne de ciudad,no estoy acostumbrada a los helechos y los insectos. Así que cuando, al llegar a Madrid, me encontré una garrapata incrustada en mi tobillo izquierdo, sufrí el mayor ataque de histeria conocido de todos los tiempos. Sí, amiguitos, una garrapata. Una ga-rra-pa-ta. Incrustada. En mi tobillo. Al principio pensé que era una araña. Pero cuando tiré de ella para quitármela, vi que era una garrapata, que estaba agarrada a la piel. Quiero decir, agarrada con una fuerza imposible para un bicho de esas dimensiones. Que NO era capaz de sacarla. Ahí es cuando me mareé y entré en trance. Me la imaginaba perfectamente, succionándome la sangre. Me dio el chungo, me salió el monstruo. Enseguida empecé a gritar, in crescendo, "¡¡Quítamela!! ¡¡Quítamela!! ¡¡Quiiiiiiiítamela yaaaa!!". Y me puse a correr en círculos en mi salón minúsculo. El pobre Jorge, que es un santo varón, se fue corriendo a la cocina a calentar aceite. Por lo visto, ésa es la mejor manera de sacar una garrapata sin que la cabeza se quede aún enganchada DENTRO de la piel. Pero yo no podía parar de gritar "¡¡Quítamela, quítameeeela, ahoooooraaaa!!". Jorge, asustado el pobre, pasó del aceite y volvió al salón rápidamente, armado con unas pinzas de depilar. "Siéntate, venga, siéntate". Y yo, aún corriendo en círculos como alma que lleva el diablo, no escuchaba nada. Hasta que Jorge me agarró y me sentó de un empujón. Y me la sacó con las pinzas. Se oyó un craaaaca. La cabeza, o lo que creemos que era la cabeza, asomaba aún un poco por la piel. Y la quitamos con los dedos. Luego empezó a sangrar la herida. Y ya está. Fin del drama. Esperemos que el puto bicho ése no me haya pegado nada chungo. El mal rato que pasé no tiene precedentes. El monte, pa las cabras. |
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