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05/03/2006MAL ASUNTO![]() Estos últimos días he acompañado a mi amigo Joserra a buscar piso. Mal asunto, patear madrid bajo la lluvia. Peor asunto aún, cuando ves que el paseo no ha servido para nada. A riesgo de parecer una maruja en la cola de la pescadería, tengo que decir que los "pisos" están por las nubes. Es vergonzoso presenciar cómo los propietarios, o en su defecto, los agentes inmobiliarios, te enseñan agujeros completamente inútiles (no sólo para vivir, sino para cualquier otra actividad, salvo el espiritismo) sin nigún tipo de PUDOR. Me quedo petrificada, ojiplática, cuando abren la puerta del espacio que pretenden vender y sueltan su discurso con completa naturalidad, un discurso plagado de eufemismos y mentiras, sin parecer percatarse de que NOSOTROS ESTAMOS VIENDO LO MISMO QUE ELLOS: una mierda de zulo enano y oscuro, en el mejor de los casos hortera, que pretenden venderte por... ¿30 millones? Y no se ruborizan, oye. Yo no podría. Yo pediría disculpas todo el rato, no podría omitir que lo que estoy tratando de vender no pasa de ser una cuadra, pintada de salmón, con suelos de imitación de mármol... una cuadra para el pony de Candy, vamos. Y ellos, tan campantes, sonríen como anfitriones orgullosos. Se me cae el alma a los pies. Joserra se enfada conmigo, porque no me callo. Dice que le dejo en evidencia. ¿Qué le voy a hacer, si tengo ojos en la cara? Es que me siento INSULTADA, el timo de la estampita me parece una estrategia elaborada y llena de sutileza al lado de esto. Así que voy, y digo todo lo que pienso. A lo mejor peco en las maneras. Es verdad que Joserra domina la ironía mucho mejor que yo. Yo soy hija de mi madre, directa y punzante. Me lo tomo como una ofensa personal y, en el mejor de los casos, me voy cuatro segundos después de haber entrado. No tengo ganas de escuchar sus mentiras, su marketing barato. Mi tiempo vale mucho, y no lo pierdo en dejar que traten de convencerme de que el gato es liebre. Así que cojo aire, levanto la barbilla, y digo "voy bajando". Y hablando un poco de lo mismo... NO PUEDO con la figura del agente inmobiliario. Me producen urticaria, con sus trajes baratos, sus modales de Manual del Vendedor Eficiente, su falsa simpatía. Es que no entienden que YO NO QUIERO SER SU AMIGA, que no deben hacer esfuerzos por caerme bien, porque yo no espero que me caigan bien; que se pueden ahorrar los cumplidos, los chistes malos, los comentarios manidos sobre actualidad. Prefiero un millón de veces el silencio. Y luego está lo de la mano: ¿Por qué me estrechan la mano? ¿Por qué TODOS te alargan la mano abruptamente, fingiendo seguridad y aplomo? NO QUIERO DARTE LA MANO, no quiero, no quiero, NO quiero... ¿te enteras? Prefiero que me des una patada a tener que estrecharte la mano. Quién habrá escrito ese Manual, por el amor de Dios. ¡Qué poco sabe de relaciones humanas! En fin. Muy mal asunto. estreno FOTOLOGAunque me da a mí en a nariz que el de Terra no es el mejor, que sólo te deja meter una foto por día, de momento me hospedaré allí 29/03/2006mi gato hace uyuyuy![]() Qué mierda. Al volver de Málaga me he encontrado a la punk, mi gatita, mucho más delgada. Jorge, mi chico, también ha estado fuera unos días, pero le dejó kilos de comida. Y la tía se la zampó. Vale que luego le compró otra comida nueva que no le gusta demasiado, pero... ¿por qué está otra vez tan flaca? No quiero volver a pasar por lo mismo, no quiero. También me doy cuenta de que le empieza a faltar pelo en el rabo (cóño, qué mal suena esto) otra vez. ¿Será el principio de otra recaída chunga? Pensándolo un rato, creo que justo ahora hace un año de su enfermedad misteriosa. ¿Puede que sea la primavera? Me explico: Hará cosa de un año, la gata empezó a ponerse rarísima, venga a lamerse y lamerse, compulsivamente. No entendíamos nada. Se acabó dejando el cuerpo lleno de calvas y heridas, que parecía un gato de la calle. Se me partía el alma al mirarla. esto sólo oo entenderá la gente que tiene mascota, pero no pude sufrir más. No entendíamos nada. La llevamos de un veterinario a otro, gastándonos todos nuestros ahorros en inyecciones, pastillas, pomadas y sprays. La pobre gata parecía un conejillo de indias. Y no sirvió de nada. No había manera de averiguar lo que le pasaba. Llegaron a decirme que podía tener una depresión ¿?. Y a lo tonto, llegó el verano. Me la tuve que llevar a Donosti, a casa de mis padres, porque yo iba a pasar allí dos meses. Poco a poco, mejoró. Recuperó todo el pelo, el peso, su carácter habitual. Pensé que sería porque la casa de mis padres mide 300 metros cuadrados, con una terraza inmensa que a ella le encanta. Por eso, cuando me la traje de vuelta a Madrid, me moría de miedo. Pero no pasó nada, seguía bien. Hasta ahora. En fin, que no quiero que vuelva a estar mal. No quiero volver a recorrer veterinario tras veterinario, con el gato a cuestas, con la angustia de ver que nadie entiende nada de lo que le pasa. Hala. Y ya está. Ya me he desahogado. Mi pobre punk. |
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