elMundoSegún S TIPRUEBATE MIS ZAPATOS |
![]() |
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006. Resumen
02/02/2006BAJO LLAVE![]() Me gusta pintar, me relaja. Me da rabia no tener ni idea de técnica, ni de color, ni de nada. Porque intento plasmar lo que está en mi cabeza pero siempre sale otra cosa. Y me limito a conformarme con la nueva versión que aparece en el lienzo. No me quejo, suele gustarme el resultado. Pero nunca era lo que yo quería hacer. Es como si uno se pusiera a cocinar macarrones con tomate, y le saliera sopa de pescado. Está muy rica, pero es otra cosa. Aún así, creo que hay pocas cosas que me relajen tanto como colocar encima de la mesita los tubos de óleo, el bote de aguarrás, los pinceles... y sentarme en el sofá a pintar, con alguna película mala de fondo. Soy FELIZ. Se me pasan las horas volando. Me dan muchas veces las 4 de la mañana... y no me doy cuenta de lo tarde que es hasta que noto que la vista se me empieza a nublar, de cansancio. Entonces, coloco el lienzo al lado de la ventana y me acuesto. Lo dejo ahí porque, nada más levantarme, me gusta ver el cuadro con luz natural. Y ver qué tal, si me sigue parciendo bien o ya no. Y lo dejo siempre ahí todo el día, y cada vez que paso cerca, lo miro, y lo remiro, y lo vuelvo a remirar. Para ver qué tal, si me sigue gustando o ya no. Y luego, por la noche -que es cuando tengo tiempo- vuelvo a colocar encima de la mesita los tubos de óleo, el bote de aguarrás, los pinceles... y me siento en el sofá a pintar, con alguna película mala de fondo. Y voy corrigiendo, haciendo y deshaciendo todo lo que he ido viendo a la luz del día. Me gusta pintar. Me relaja. Sobre todo cuando mi novio se sienta a mi lado, en el sofá, y me mira. Y me hace cosquillas en la nuca mientras pinto. Y me dice: "Me gusta mirarte mientras pintas, me relaja mucho". Y yo sonrío, porque sé que éstos son momentos de los buenos, de ésos que uno se guarda bajo llave para siempre. Aunque no tenga ni idea de técnica, ni de color, ni de nada. Aunque intente hacer macarrones y salga sopa de pescado. 07/02/2006PONGA UN ORINAL EN SU VIDA![]() He aquí la tragicomedia de una humilde servidora. La cosa es que me dejé la moto aparcada -con su casco integral y todo candado- en Avenida de América el día 23 de diciembre y, desde entonces, no la había ido a buscar. Y ayer me dije yo a mí misma: Oye, no te iría NADA mal tener la moto para ir a trabajar estos días. Y me pareció que tenía razón, así que cogí y me fui a la Avenida de América. Un poco rezando para que no me la hubieran robado, un poco temiendo encontrarla en estado catastrófico, llegué hasta ella. Y, oye, que estaba entera. Fíjate tú qué suerte. Me habían apagado un cigarro en el sillín, pero ¿qué es eso, comparado con lo que podían haber hecho, verdad? Así que más contenta que unas pascuas, le quité la primera capa de suciedad y me puse a darle al pedal. La pobre moto ES maravillosa, es una reliquia universitaria... No se le puede pedir que le funcione el arranque automático.
![]()
Así que, cargada de paciencia, me puse a darle al pedal. Y arrancó relativamente pronto: sólo veinte minutos. Ya en la cima de la felicidad absoluta, me puse el casco y me dije: Un poco de gasolina para mi moto guapa. Y me fui a la gasolinera. Allí fue donde todo se desencadenó. Me bajé de la moto para hacer lo que se hace en las gasolineras y, de repente... ¡un olor a pis! ¡Pero un olooor! Como a baño de ésos portátiles, los verdes, los de los de conciertos... Pues así, pero en mi jeta. Y yo, un mosqueo, venga a mirar pa un lado, pa el otro... con arcadas y todo, me dispongo a servirme gasolina cuando, de repente, ato cabos. EFECTIVAMENTE. Alguien había orinado, miccionado... vamos, ¡que se habían meado en mi casco! Y yo ahí, como paralizada, con el casco en la cabeza y la manguera de gasolina en la mano, incapaz de reaccionar. ¿Qué coño podía hacer? No tenía otro casco, no podía dejar la moto ahí, la necesitaba. Me dije: Como te quites el casco ahora, no te lo vuelves a poner. El mal ya estaba hecho. Así que, temblando como una perra, cogí aire y me fui. Hasta casa, casi sin respirar. El cuarto de hora más largo de mi vida. Aparqué la moto, me quité el casco y lo tiré a la basura. Directamente. Qué puto asco. Yo había oído decir que es relativamente habitual esto de que te hagan pis en el casco. Leyendas urbanas, pensaba yo. Pues va a ser que no. En mi casco no ha hecho pis una persona, ni de coña. Ahí se han aliviado todos los indigentes del barrio, todos los pijos borrachos que ha pasado cerca, y alguna abuela despistada con incontinencia. ¿Por qué? ¿Por qué el ser humano hace putadas sólo por divertirse? ¿Le hace sentir superior? No sé. No lo entiendo. Voy a tener que pensar que Locusta tiene razón cuando dice que la gente ES fea y sucia.
09/02/2006HOMÓNIMA13/02/2006AGORAFOBIA![]() Este fin de semana he estado en Donosti, de visita familiar. Hacía tiempo que no iba en autobús, y sola. Qué angustia, por favor, qué angustia. Esto me pasa desde mi época de estudiante, cuando cogía aquella Roncalesa color verde para ir a Pamplona. ¿Dónde queda ese viaje ridículo de una hora, al lado de las casi seis horas de viaje hasta Madrid? Pero a lo mío. Ya entonces me entraba una angustia INSOPORTABLE en el momento de montar en el autobús. Por aquel entonces mis padres aún me acompañaban a la estación. Creo que eso me lo hacía aún más difícil. Siempre, invariablemente, se me hacía un nudo en la tripa y tenía que hacer esfuerzos colosales para no ponerme a llorar como una niñata. Y no era en plan no quiero irme de las faldas de mamá. No. Era una angustia mucho más profunda, un miedo salvaje, casi animal. UN no sé quién soy, dónde estoy. Una especia de conciencia clara y absoluta de mi pequeñez en el Universo. No puedo explicarlo mejor. Pero lo cierto es que, una vez que el autobús se había puesto en marcha, esta sensación se hacía más fuerte. Y no desaparecía hasta que habían pasado unos quince minutos. Después, mi cabeza hacía un clic y ya me sentía con "cuerpo" Pamplona. Ya me reubicaba y me tranquilizaba. Era el momento de transición lo que me volvía loca. Tiempo después, mi amiga Uxue, psicóloga, me explicó que esto que me pasa está tipificado. Se llama agorafobia. Yo pensaba que la agorafobia era miedo a los espacios abiertos. Punto. Pero, por lo visto, tiene muchas variantes. A ver si sé explicar lo que yo entendí que me pasa a mí: se trata de la pérdida de los referentes. Digamos que yo tengo mi punto de referencia claro en Donosti. Allí me siento segura, arropada, sé quién soy. Lo mismo me pasa en Madrid. PERO cuando uno sale de los lugares donde tiene sus referentes, puede desubicarse, perderse, angustiarse. Por eso, durante los primeros minutos de un viaje, de cambio de referentes, puede pasar esto que me pasa a mí. Se pasa mal, pero mal-mal. Es la soledad con mayúsculas. Lo más parecido a la muerte que yo puedo imaginar. 15/02/2006bares, qué lugares![]() Lo tenía en mi anterior blog, que fue destruído por desalmados. No podía faltar en éste también. La historia de este poema nace hace ya tiempo en los baños de un bar de carretera. Así de cutre, y así de auténtico. Una cita garabateada en la puerta del servicio me dejó pensativa un rato largo después de haber acabado de hacer pis. "Mi estrategia es, en cambio, más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites. Mario Benedetti." Me la apunté en ese cuaderno que siempre me acompañaba cuando aún creía en un mundo mejor. Y dediqué tiempo a buscar de dónde coño venía esta cita. Me leí todos los relatos de Benedetti que caían en mis manos, todas las novelas. Así descubrí a Benedetti. Pero nunca sospeché que esta cita venía de un poema. Me aburre la poesía que me mata. Pero ahí estaba LaCita. "Táctica y estrategia". Dale al play.
Mi táctica es |
TemasArchivos
Enlacesotras vidas, otras locurasestar al díame suena tu voz...Otros
|