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AGORAFOBIA![]() Este fin de semana he estado en Donosti, de visita familiar. Hacía tiempo que no iba en autobús, y sola. Qué angustia, por favor, qué angustia. Esto me pasa desde mi época de estudiante, cuando cogía aquella Roncalesa color verde para ir a Pamplona. ¿Dónde queda ese viaje ridículo de una hora, al lado de las casi seis horas de viaje hasta Madrid? Pero a lo mío. Ya entonces me entraba una angustia INSOPORTABLE en el momento de montar en el autobús. Por aquel entonces mis padres aún me acompañaban a la estación. Creo que eso me lo hacía aún más difícil. Siempre, invariablemente, se me hacía un nudo en la tripa y tenía que hacer esfuerzos colosales para no ponerme a llorar como una niñata. Y no era en plan no quiero irme de las faldas de mamá. No. Era una angustia mucho más profunda, un miedo salvaje, casi animal. UN no sé quién soy, dónde estoy. Una especia de conciencia clara y absoluta de mi pequeñez en el Universo. No puedo explicarlo mejor. Pero lo cierto es que, una vez que el autobús se había puesto en marcha, esta sensación se hacía más fuerte. Y no desaparecía hasta que habían pasado unos quince minutos. Después, mi cabeza hacía un clic y ya me sentía con "cuerpo" Pamplona. Ya me reubicaba y me tranquilizaba. Era el momento de transición lo que me volvía loca. Tiempo después, mi amiga Uxue, psicóloga, me explicó que esto que me pasa está tipificado. Se llama agorafobia. Yo pensaba que la agorafobia era miedo a los espacios abiertos. Punto. Pero, por lo visto, tiene muchas variantes. A ver si sé explicar lo que yo entendí que me pasa a mí: se trata de la pérdida de los referentes. Digamos que yo tengo mi punto de referencia claro en Donosti. Allí me siento segura, arropada, sé quién soy. Lo mismo me pasa en Madrid. PERO cuando uno sale de los lugares donde tiene sus referentes, puede desubicarse, perderse, angustiarse. Por eso, durante los primeros minutos de un viaje, de cambio de referentes, puede pasar esto que me pasa a mí. Se pasa mal, pero mal-mal. Es la soledad con mayúsculas. Lo más parecido a la muerte que yo puedo imaginar. 13/02/2006 13:23 Comentarios » Ir a formulario
-Yo llevo siete años viajando, salvo una o dos veces, sólo a Logroño.
-Hasta ahora mi punto de referencia era Logroño, ahora no tengo. -Odio las estaciones, antes la de Logroño no, porque ella venía a buscarme, ahora no. -Odio que nadie me reciba cuando llego a la estación. En siete años que llevo en Madrid sólo una vez han venido a buscarme a la estación. En Logroño siempre estaba ella. -Ahora soy mundofóbico. Fecha: 13/02/2006 13:53.
Claro, ahora sé donde te has emtido este finde, jejeje.
Hale, artículo alegre, comentarios alegres, yuju! En fin, a mí no me gustan los autobuses, pero más que nada porque me mareo, huelen mal y me agobia no poder moverme. En el tren, por lo menos, puedo ir a la cafetería y al baño, puedo leer, puedo escribir... Lo de los referentes... bueno, yo siempre he creído que cada uno debe buscar su lugar en el mundo (esto me lo enseñó mi madre) y estar en equilibrio con el entorno (esta ha sido mi conclusión). Claro, que la búsqueda puede ser muy larga... (y sé que el del carrusel luego me riñe, pero creo que depende mucho de uno mismo). Fecha: 13/02/2006 17:56.
Comprenderéis que no voy a permitir que mi humilde blog se convierta en el lugar donde os peleéis.
Por cierto, ACE, a lo mejor tú, como eres tan cerebral, no podrás comprender que UNO NO ELIGE dónde se crean los referentes a los que yo me refiero. Y que TODOS tenemos referentes, los busquemos o no. NO hay mérito implícito. Es innato. Fecha: 13/02/2006 21:10.
Hombre, carruselman, ahora no me quejo de mi entorno, no.
Sí, Esti, te entiendo. Hay cosas que no se eligen, aunque sí que creo que hay personas que se adaptan más fácilmente a sus circunstancias. Cada uno es un mundo. Es mi opinión, ¿eh? No quiero polémicas. :-) Fecha: 14/02/2006 00:01. |
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