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PONGA UN ORINAL EN SU VIDA![]() He aquí la tragicomedia de una humilde servidora. La cosa es que me dejé la moto aparcada -con su casco integral y todo candado- en Avenida de América el día 23 de diciembre y, desde entonces, no la había ido a buscar. Y ayer me dije yo a mí misma: Oye, no te iría NADA mal tener la moto para ir a trabajar estos días. Y me pareció que tenía razón, así que cogí y me fui a la Avenida de América. Un poco rezando para que no me la hubieran robado, un poco temiendo encontrarla en estado catastrófico, llegué hasta ella. Y, oye, que estaba entera. Fíjate tú qué suerte. Me habían apagado un cigarro en el sillín, pero ¿qué es eso, comparado con lo que podían haber hecho, verdad? Así que más contenta que unas pascuas, le quité la primera capa de suciedad y me puse a darle al pedal. La pobre moto ES maravillosa, es una reliquia universitaria... No se le puede pedir que le funcione el arranque automático.
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Así que, cargada de paciencia, me puse a darle al pedal. Y arrancó relativamente pronto: sólo veinte minutos. Ya en la cima de la felicidad absoluta, me puse el casco y me dije: Un poco de gasolina para mi moto guapa. Y me fui a la gasolinera. Allí fue donde todo se desencadenó. Me bajé de la moto para hacer lo que se hace en las gasolineras y, de repente... ¡un olor a pis! ¡Pero un olooor! Como a baño de ésos portátiles, los verdes, los de los de conciertos... Pues así, pero en mi jeta. Y yo, un mosqueo, venga a mirar pa un lado, pa el otro... con arcadas y todo, me dispongo a servirme gasolina cuando, de repente, ato cabos. EFECTIVAMENTE. Alguien había orinado, miccionado... vamos, ¡que se habían meado en mi casco! Y yo ahí, como paralizada, con el casco en la cabeza y la manguera de gasolina en la mano, incapaz de reaccionar. ¿Qué coño podía hacer? No tenía otro casco, no podía dejar la moto ahí, la necesitaba. Me dije: Como te quites el casco ahora, no te lo vuelves a poner. El mal ya estaba hecho. Así que, temblando como una perra, cogí aire y me fui. Hasta casa, casi sin respirar. El cuarto de hora más largo de mi vida. Aparqué la moto, me quité el casco y lo tiré a la basura. Directamente. Qué puto asco. Yo había oído decir que es relativamente habitual esto de que te hagan pis en el casco. Leyendas urbanas, pensaba yo. Pues va a ser que no. En mi casco no ha hecho pis una persona, ni de coña. Ahí se han aliviado todos los indigentes del barrio, todos los pijos borrachos que ha pasado cerca, y alguna abuela despistada con incontinencia. ¿Por qué? ¿Por qué el ser humano hace putadas sólo por divertirse? ¿Le hace sentir superior? No sé. No lo entiendo. Voy a tener que pensar que Locusta tiene razón cuando dice que la gente ES fea y sucia.
07/02/2006 12:08 Comentarios » Ir a formulario
Yo en cierta ocasión dejé mi bici aparcada 3 horas en la uni de Pamplona, y al volver a recogerla vi que alguien había malgastado su tiempo en raspar la goma de mi manillar con un objeto punzante. ¿Por qué lo hizo? Supongo que por ver mi cara después. Es curioso, porque no conozco a nadie que haría algo así por diversión. Nadie. Y sin embargo hay cientos de miles de personas que se levantan de la cama con la idea de joder al resto...
Fecha: 07/02/2006 13:20.
Este artículo se merece un comentario, a ver... déjame que piense... ya!! jajajajajajajajjaja.
Lo siento, sé que es una putada, pero no puedo evitar descojonarme, jajajajja, y no con mala leche, eh?? pero es que lo has contado con mucho arte! Un besazo, wapa, y ná, pa la próxima miras bien antes de ponerte nada en la cabeza, eh? Fecha: 07/02/2006 14:51.
¡Has provocado que Alberto se manifieste! Ya sólo eso es motivo de comentario.
Por lo demás, qué asco... Y sí, yo siempre me pregunto por qué hay gente que hace cabronadas porque sí. Ni que el meón estuviera espiándote en la gasolinera para reirse en tu jeta... Fecha: 07/02/2006 16:31.
Me ha gustado la escatológica anécdota. Y sí, poco a poco intentaré volver a comentar cosas en los blogs, no sé, poco a poco.
Fecha: 08/02/2006 16:51. |
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