Pesaba cinco kilos más que ahora. O más. Pero no me importaba.
Mis padres me llevaron a un psicólogo, haciéndome creer que me iba a hacer un test de personalidad para ver qué carrera me convenía estudiar. Años después supe que, en realidad, mis padres me mandaron al psicólogo porque estaban muy preocupados por mi carácter extremadamente irascible.
Celebré mi primer cumpleaños "maduro" invitando a mis amigas al cine a ver El Príncipe de Zamunda y, luego, a comer un gofre con chocolate a la Parte Vieja. Me sentí muy independiente.
Le di mi primer beso a un chico de mi clase con el que estuve saliendo sólo una semana. Después de "cortar", fuimos enemigos a muerte hasta la universidad. Él y todos los chicos de clase convirtieron mi adolescencia en una tortura.
Cantaba en el Orfeón Donostiarra juvenil, pero siempre muy bajito. Un día, el director nos hizo una prueba individual con el piano. Me temblaba tanto la voz que pensé que me iban a echar.
Decidía lo que me iba a poner contando con el armario de todas mis amigas. Antes de ir a la discoteca light, nos cambiábamos la ropa en el baño de un bar. Para volver a casa, nos volvíamos a cambiar.
Hacía piragüismo todos los veranos. Mi profesor era, simplemente, el chico más guapo del mundo, con ese bronceador azul que llevaba siempre en la nariz y ese pelo rubio cortado "a lo casco". Años después, enfermó de anorexia.
Tuve apendicitis. Durante los días anteriores a que me lo diagnosticaran, tenía un dolor infernal. Sin embargo, nadie -ni en el cole, ni en casa- me tomó en serio hasta que fui incapaz de caminar.
En un ataque de ira contra un estúpido de mi clase que me humilló, le tiré un bote de tippex a la cabeza con todas mis fuerzas. Una lástima, no le di. El bote se explotó contra la puerta y destrozó el vaquero de mi mejor amiga.
Me compraba la Super Pop todas las semanas. Mi hermana, sin embargo, se compraba la Muy Interesante.
Mi padre me trajo de Japón mi primer cd (REM, Out of time) y mi primer reproductor de cd-s.
Le escribí a la profesora de matemáticas "soy gangosa" con un rotulador en la parte de atrás de la bata. La pobre era gangosa.
Me di cuenta de que no me daba la risa al mirarme las tetas, como estaba convencida que me pasaría de pequeña.
En el festival de Carnaval del colegio, salí con dos amigos a hacer un playback de Mecano. Yo era Nacho Cano. Moví mucho la cabeza mientras tocaba el órgano. Creo que lo hice bastante bien.
Tenía un complejo horroroso por tener los dientes torcidos, por eso siempre me tapaba la boca para sonreír.
Pues el psicólogo dijo que yo era perfectamente normal Lo que me pasaba era algo pasajero, aunque no por eso menos terrible: la pubertad. Y, sí, era Nacho Cano. Ya lo he corregido. Gracias. Craso error. El profesor de piragüismo se recuperó, lo vi hace relativamente poco.